3. ¿Hace falta aprender a caminar correctamente?

Todos sabemos caminar… o creemos que lo sabemos hacer. Aprendemos cuando somos pequeños, más o menos cuando tenemos un año. Antes de correr el niño aprende a caminar. Pero durante la vida tomamos defectos a causa de malas posturas, enfermedades, traumatismos musculares u óseos, y caminamos mal, aunque no nos demos cuenta. Movemos mal el cuerpo, los pies y las piernas no pueden empujar fuerte, no hacemos servir los brazos y el efecto final es que caminamos más lentamente, haciendo demasiado esfuerzo.

 

Tomemos como ejemplo la natación. Cuando decimos que “sabemos nadar” queremos decir que “sabemos flotar”. En realidad el cuerpo flota solo, flota sin movernos, cuando decimos que estamos “haciendo el muerto”.

 

Es cuando nos movemos que corremos el riesgo de perder flotabilidad, sobre todo si no nos movemos bien dentro del agua. Si queremos avanzar nadando encontramos que nos cansamos, hay esfuerzo físico. No obstante, cuando observamos un buen nadador, descubrimos que para él nadar es fácil, natural y rápido. Cuando vemos a un campeón quedamos impresionados por la potencia y por la rapidez. Para nadar bien se ha de aprender a nadar bien y necesitamos un entrenador.

 

Así como para la natación, también para andar, para andar bien, hemos de aprender a caminar bien. Con un entrenador caminaremos más rápido, quemaremos más grasas, entrenaremos y daremos forma a nuestros músculos, mejoraremos la circulación, entrenaremos el corazón, sin riesgos físicos ni traumas.

 

El próximo post: 4. ¿Hace falta un entrenador?

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